lunes, marzo 2Revista digital ISSN 2744-8754

Presentación

Ha llegado el momento de acometer el impulso final que permitirá visibilizar el trabajo de un selecto grupo de personas —mujeres y hombres y niños de ambos sexos— que secundó la propuesta del Club de Escritura Creativa de Cee (La Coruña, España) de reunir en una misma publicación, en formato electrónico, textos de fabulación en torno a las fiestas navideñas.

Es justo que, antes de seguir adelante, agradezca a Gladys Elisa Salas Cerquera, directora general de la revista Repensando la Educación, su generosa y cálida acogida cuando le propusimos que se dedicara un número monográfico de esa publicación periódica a nuestra colección de cuentos. Éstas fueron textualmente sus palabras entusiastas cuando escuchó el proyecto que le presentamos: “¡me parece una idea genial!”.

La convivencia en la misma publicación de textos de escritores maduros, con un prestigioso historial a sus espaldas de producciones literarias, y de escritos de niños que se asoman por vez primera a la letra impresa, no constituye en modo alguno una falta de respeto a los primeros; así lo previeron las Bases de la Convocatoria, con la finalidad de exhibir ante los lectores la riqueza de una tertulia literaria en la que todos tienen algo que decir y que aportar, porque todos compartimos el mismo potencial: imaginación, ilusión por transmitir lo que llevamos dentro, humildad para aprender de los demás, capacidad de asombro al adentrarnos en el contenido de los otros cuentos incluidos en esta selección.

Al remitir a la revista Repensando la Educación el material recopilado tras la convocatoria que lanzamos en noviembre de 2025, considero un privilegio haber podido disfrutar esta experiencia, que me ha permitido empaparme de sensibilidades tan diversas, no sólo derivadas de las notables diferencias de edad entre unos y otros autores, sino también relacionadas con sus procedencias geográficas (Colombia, España, México, Francia, Italia) y orígenes nacionales.

El testimonio de un abuelo, orgulloso del empeño de su nieta de diez años durante el proceso de creación del cuento, habla por sí mismo de lo que ha significado para muchos niños esta primera incursión en la escritura creativa: “a mí me enternecía cómo me lo iba contando conforme se le iba ocurriendo la idea. ¡Más linda es!”.

Jerónimo, con sus diez añitos a cuestas y el apoyo incondicional de su tía Adriana, fue el más madrugador en hacernos llegar las aventuras de Nievecito y Galletita, que desvelan cómo la amistad es la mejor cura contra la soledad.

Alberto, a su corta edad —ocho años recién cumplidos, pletóricos de vitalidad, arrojo y confianza en sí mismo—, obtuvo el apoyo de Tania, la mamá, que se avino a compartir autoría con él; y también logró implicar a su hermana Iara, magnífica dibujante. Lidia y Paula, mellizas de dieciséis años, acordaron repartirse el trabajo: Lidia redactaría el cuento, y Paula se ocuparía de la ilustración. La mamá, ‘directora y fan de esa orquesta’, se ocuparía de retarlas, acompañarlas, animarlas y felicitarlas. El resultado, espléndido, está a la vista.

Manuel ha disfrutado enormemente con Josemaría (trece años) y Juan Manuel (diez años), revisando sus textos e incorporando a los cuentos redactados por ellos numerosas referencias —divertidamente distorsionadas— a sucesos y experiencias vividos en familia, o a noticias de prensa comentadas en casa que acabaron por colarse en estas páginas. Largas conversaciones entre Manuel y Josemaría, enmarcadas en el contexto de un reciente traslado de domicilio de Málaga a Cee —una localidad de la costa de Galicia muy distante de la Costa del Sol—, con los retos y sorpresas que comporta semejante vivencia, han servido de base para ‘Una Navidad en calma’, donde la ilusión y la realidad se dan la mano amistosamente. A Juan Manuel le bastó un chocolate con churros en el Café-Bar Central de Cee, compartido con su papá, para hilar el guión de ‘Jorge en una guerra loca’, un alegato contra la guerra y contra los prejuicios.

El papá de Giovanni (diez años) y de Lucia (ocho años) no se amilanó por el reto que representaron las exigencias de su labor profesional, muy demandante de tiempo; el ajetreo de una familia de tres hijos de cortas edades, y la irrupción sucesiva e inoportuna de algunos trastornos de salud en su hogar, y perseveró en la tarea de ayudar a los chicos a rematar sus escritos: “los niños estaban felices de hacerlo y lo que han escrito fue con corazón y alma”.

¿Y qué decir de la actitud perseverante de Paula (diez años), siempre secundada de cerca por la compañía de sus papás, y siempre tenaz en su labor en el taller del Club de Escritura Creativa? Habíamos trabajado mucho y con perseverancia desde que arrancaron las sesiones de ese taller, y semanalmente revisábamos cuentos que salían pausadamente de sus manos como resultado de ese aprendizaje. Cuando le propuse tomar parte en esta convocatoria, se limitó a aceptar, sin añadir más comentarios. Ya en enero, apenas retomada la actividad del taller, se presentó con tres hojas de papel escritas a mano en las que plasmó una emocionante historia: el sorprendente desenlace de la celebración de la Navidad en el seno de una familia que, en vísperas de la Nochebuena, recibe una orden de desahucio y ha de mudarse precipitadamente a la vieja y solitaria casa de los abuelos fallecidos el año anterior.

Y, si atendemos a las aportaciones de los adultos que han querido poner sus granitos de arena en esta obra colectiva, será el caso de destacar las espléndidas muestras de realismo que contienen los cuentos de Jacqueline Murillo y Freddy Mondragón, ambientados en la cotidianidad de las gentes sencillas de Colombia, que encuentran su contrapunto en el texto que nos presenta Aikaterini Vergetaki sobre El Bosque Plateado, un pueblo que ha perdido el sentido de su propio ser, y que resurge por obra y arte de un milagro que hará posible que, “incluso en la oscuridad, el ser humano siga siendo capaz de encontrar el camino hacia la luz”.

Poco se me ocurre contaros de Manuel Ferrer —a quien no acabo de conocer del todo a pesar de convivir con él durante setenta y dos años—. Sí hablaré en su defensa para justificar que se incorporara al libro un cuento —‘Jacinta la mascota’— cuya extensión rebasa la establecida en las Bases de la Convocatoria. Invocaré en su favor que el texto estaba escrito con anterioridad, y que Manuel sigue emocionándose con esa historia ambientada en Benamocarra, una localidad de la Axarquía malagueña en la que recalaron él y su familia, una vez terminada su estancia de seis años en Ibarra (Ecuador), donde nació Juan Manuel, que comparte protagonismo en el cuento con la cerdita Jacinta. Si añado a todo esto su condición de coordinador de este libro, comprenderéis que hicimos bien en guiñar un ojo y aprobar la excepción.

La deuda de muchos textos recogidos en este libro con la lectura de cuentos infantiles protagonizados por animalitos se aprecia en el desfile de unos cuantos de ellos por estas páginas: el amistoso lobo Manuel y sus amigos, los otros lobos disfrazados de renos de Papá Noel; el gato Félix, partícipe con su familia humana en un precipitado viaje de Corcubión a O Cebreiro; Jacinta, la ‘cerdita milagrosa’, que se convertirá en mascota de Juan Manuel; el cochinillo que recibe Gabriel como regalo de Nochebuena; el perro rapero y sus amigos, los perros detectives; Luna, la muy querida mascota de Josemaría y de Juan Manuel; el perrito que acompañaba a la Virgen María antes de la Anunciación; El Fugitivo, un topo escapado de un penal, que se unirá a la familia de Josemaría y Juan Manuel en calidad de mascota; Pirata, un perrito llamado así por el parche negro que lleva en un ojo, como explica a sus nuevos amigos María, la niña que acaba de mudarse a la cuadra donde viven todos ellos; o las ovejas charlatanas que informan a los Reyes Magos del nacimiento de Jesús en Belén. Y, por supuesto, como es natural, no faltan el buey ni la mula del Portal de Belén, los mejores y más fieles asistentes sanitarios del Niño Dios.

Tal vez habría que preguntarse por qué la frecuente presencia del reino animal en los cuentos infantiles, que no es una novedad reciente condicionada por campañas publicitarias o por la conciencia cada vez más honda de que hay que respetar el equilibrio de los ecosistemas. En algunas narraciones, incluso, los animales juegan un papel decisivo mostrando cualidades orientadas al bien común, como es el caso de La Conferencia de los animales de Erich Kästner, tal y como destacan Antonio Mateos Jiménez y Humildad Muñoz Resino en un interesante ensayo.

Al interrogante que planteamos arriba podríamos responder con dos explicaciones, entre otras muchas posibles: de una parte, el contacto con los animales facilita al niño el descubrimiento de su entorno natural de un modo afectivo y lúdico, y despierta en él la conciencia de respeto a los seres vivos; y, en segundo lugar, las características propias de las diversas especies animales proporcionan espejos arquetípicos de la conducta humana: la bravura del león, la astucia del zorro, la fidelidad del perro, la mansedumbre de la oveja…

Hasta aquí estas páginas introductorias, redactadas con la intención de rendir un modesto homenaje a los autores de los cuentos que os presentamos en esta recopilación, y de animaros a que disfrutéis de su lectura, pensando que detrás de cada escrito hay una cabeza pensante y un corazón amoroso que durante un tiempo anduvo dando vueltas a la historia que quería entregaros para ayudaros a pasar un buen rato y proporcionaros unos sorbitos de felicidad.

Sobre Manuel Ferrer Muñoz.

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Doctor en Filosofía y Letras, Sección de Historia, por la Universidad de Navarra (España), y Licenciado en Filosofía y Letras, especialidad de Historias, por la Universidad de Granada (España).
Director del Servicio de Asesoría para Investigadores en Ciencias Sociales y Humanidades (desde noviembre de 2018). Presidente de la Asociación Somos Axarquía (desde octubre de 2020).
Docente a tiempo completo en la Universidad Técnica del Norte (Ibarra, Ecuador), desde julio de 2015 a septiembre de 2016 y desde septiembre de 2017 a octubre de 2018; de la Universidad Técnica de Esmeraldas Luis Vargas Torres (Ecuador), desde septiembre de 2016 a octubre de 2017; de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Sede Ibarra (desde enero a julio de 2015); Becario Prometeo en el Instituto de Altos Estudios Nacionales (Quito, Ecuador), desde 2013 a 2014; Investigador Titular "C", Tiempo Completo, en el área de Historia del Derecho, en el Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desde 1994 hasta 2003.
Investigador de la Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales y del Grupo Identidad, Educación y Paz en América Latina. Coordinador general del Centro Europeo de Estudios sobre Flujos Migratorios (Gran Canaria, España), desde 2003 hasta 2013. Secretario y director de investigación en el Centro de Estudios de Humanidades (Gran Canaria, España), desde 1990 a 1994.
Coordinador y autor de algunos cuentos del libro El mundo de Misifú. Asesor y director de seminarios de investigación en Ciencias Sociales y en talleres de escritura creativa.
Autor de 30 libros, 30 capítulos en libros, 90 artículos científicos y 49 ponencias en Congresos.

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